La verdad da tranquilidad, descanso y reparación a las víctimas

Tuve que vivir una guerra que no era mía. Podía ver, podía oír, pero nunca hablar. Cada vez que veía a otro huérfano, a otra viuda, el dolor y las lágrimas volvían a brotar, era algo que nos consumía lenta pero segura. Sobreviví, no sé cómo, pero aquí estoy, pensando en todas las personas que tuve que enterrar, a algunas las conocía, a otras no. ¿Cómo están sus familias ahora? ¿Saben dónde terminaron sus seres queridos? Pero la verdad nos hará libres, o al menos eso creo. Nunca olvidaré cómo fui prisionero en mi propia tierra. Nunca olvidaré quién soy ahora, un sobreviviente y un campesino digno.

Fotografías y texto de Leidi Johana Agudelo Higuita

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